22.10.17

No creo que estemos muy alejadas de la...

Tengo rota la persiana, así que puedo ver todo desde un tragaluz. Se dibujan las sombras de las hojas danzando al compás de una brisa, de un interminable garbo de octubre. Todo eso me evoca al miedo que a veces me da salir afuera, el mismo que sigue cuando vislumbro las caras de la gente automática, hasta que recuerdo que están llenas de mundos. Eso que me arrebatas cuando sé que voy a verte.
Siempre con ímpetu logré robarle escenas a los instantes de contemplación:
Tres fotografías analógicas del brillo que expanden tus ojos en la tarde guardadas en mi memoria; no siempre se descubre algo tan gratificante, es la misma sensación de cuando entro a tu cuarto y veo un poster -nuevo- que ya estaba ahí hace algún tiempo. Al igual que tus labios siempre untados de un color natural, pero diferente; creo que te cambian con el humor, o la cantidad de sustancia que tengas en el cuerpo.

Quisiera engañarte con una pregunta simple, quisiera que me dijeras una parte que no conozco, un secreto.
Y cuando toque mi turno revelarte mi miseria.
Decirte: "Me pasa que al volver a darme lugar en tu pecho cuando estas dormida
y escucho tu corazón
digo para mis adentros
y con cierta pasión
que te quiero
¿Anda a saber, no?"

Pero no puedo resolver nada desde acá sentada, mirando las rosas colocadas en la ventana de la cocina. No me sirve de mucho el 4g ni la ilusión óptica del ya voy. Aunque no creas en los deseos de las pestañas caídas, creo que vas a estar de acuerdo conmigo en que es mejor estar en tu cama y no preocuparnos por si te deje la cara llena de carmín. Estar desnuda y que sepas que aun así tengo calor, porque así nos damos cuenta de que no nos conocemos de memoria como para estar frente a frente en la vereda deseándonos.

19.10.17

Dos declaraciones

Cuando viajaba en los transportes públicos bajaban a gente ebria a las patadas para poder robarle, presenciaba gritos de ahogo, peleas de parejas en plena luz del día, pero le habían dado tanto amor en la cama que se le olvido llorar de en serio, incluso cuando tuvo a su gato enfermo, movilizado bajo la lluvia; cuando vio una película que le rompió el alma.
A veces me olvido de lo importante que es todo hasta que vuelvo a intentar armarte. Guardas partes de tu cuerpo para tus amantes y podría estar así por mucho tiempo, en una ida y vuelta de miradas: cuando la miro cierra los ojos, cuando me distraigo mira los míos.

¡Cómo me gusta estar en la oscuridad!
Postrarme en tu pecho
hacer enfoque en tus perlas
Ver la silueta de tu cara.
Así comprobé que sos real
Viendo todo
Sin ver nada.

Un final predecible para un encuentro inesperado. Un encuentro inesperado con final predecible. Pero qué me importa, si cuando hago fuerza para soñarte apareces al principio y al final de cada uno; nos besamos, tengo calor, bailas conmigo; no hacemos nada, simplemente te ligue a un ruido. En realidad haces preguntas, una manera de cuidarme.

Me haces conocer la vergüenza que creí haber perdido cuando me cambié de nombre, cuando creí olvidar que hay instantes tangibles empapados de lluvia al esbozar una sonrisa a las siete de la mañana. Pero más me fascina la idea de que todo lugar en el cual cantas, esconda tus huellas en los muros, acompañadas de tu melodía.

14.8.17

Cena familiar



En la mesa no existe el diálogo.
Se puede oler su soledad
Se puede sentir lo gris debajo de sus ojos.

Otra botella se abre
Solo se escucha el vacío de la copa llena.
Uno es el que siempre tiene la razón.

Ahí esta ella: lúgubre
Pensando como solucionarlo.
Se va.
Se une.

El ruido que retumba entre paredes:
La desdicha del encierro.

Con hambre se asoma
Escucha a su diosa.
No hay nada que temer.

Entre las patas de la mesa
Tintinean sus uñas
Afiladas
No entiende por qué.

Una persona es la que falta
La que tiende a desaparecer.
Sobre la cama deshecha
Dejó de ser.

17.7.17

Leer o escuchar
Lo que suceda primero


 El solsticio de invierno no creó efecto alguno, la primavera se había adelantado y queríamos evadir el tema del calentamiento global como si fuera un secreto nacional. Los atardeceres se hicieron más sencillos, un gato ajeno maullaba a la misma hora cinco días a la semana, prefería dejarlo al azar. Por suerte la oscuridad invadió cada tramo y el cansancio seguido del viento la tiró al suelo de la terraza como un mimo al alma. Su vecino de en frente tocaba el saxofón y se tornaba clásico cuando se entrelazaba con un estruendo al fondo, proveniente de algún tiro o cohete, ambos actos símbolos de fiesta; pero le habían dicho que no, que el código número uno del pibe chorro era el fierro no se saca en el barrio, el fierro no se usa para matar; quizás deberían inventar uno nuevo.

Dijo, seriamente: "Creo que te mentí, no me interesas tanto"; pero las palabras que más se repetían en el chat eran "increíble", "ojalá" e "imposible", en alguna creencia debía de significar algo.
Ese algo se manifestó el 27/06 del mismo año con un "Te odio", sonaba tan poético como la idea de gritarle al oído suspiros de fuego. La humedad le empezó a helar los huesos desde el día en el que se fue de su casa a las diez, queriendo descansar con ella cada noche y con un cover de los Smiths en su teléfono celular. Su mente le recordaba entre sueños, por la madrugada, que ella cantaba las canciones más tristes del mundo y despertaba con rabia por haberla sentido tanto.

                                                      
         
"Mira que tengo experiencia con gente como vos, con las pestañas altas y la mirada pervertida, así que voy a hacer marquitas en un cuaderno cada vez que te recuerde; va a tener que ser una libreta para llevar a todos lados; el navegador me aconsejo que me vaya de día de campo, espero que no te enojes si las trazo en el pasto, en todos lados." Ya se imaginaba su carta perfumada debajo de la almohada para acortar la distancia de quince minutos.



                                                               

24.4.17





Se trata del insomnio y de la terrible idea de poder plantear su presente en 140 caracteres:

Coleccionaba botones como si fueran caracoles de una playa en Mar del Plata, con la esperanza de algún día ser mitad vestuarista y diseñar vestidos de gala; pero se aproximaba el tedio y hacía tiempo que no sintonizaba el canal cincuenta y ocho. 
Decidió pasear a su mascota más temprano de lo habitual y se encontró otra vez con la idea desoladora del desamparo. Pensó que lo había aprendido al escuchar el ruido de los muebles romperse, como las fibras que se van torciendo es como uno lo adquiere.

Dió vuelta en sí mismo y decidió volver. Entró y se recostó a leer el blog de siempre. 
La historia de un libro que puede teletransportarnos en el tiempo le recordó a la casa de su abuela materna. La brisa de un techo alto, las escaleras empinadas que daban vértigo.
Lo único tangible era el armario del comedor, lleno de espejos, guardaba souvenirs de antaño, de parientes que ya murieron. Lo demás parecía creado con la mente de dos niñas de entre cinco y seis años: era un castillo con pasadizos, en él se podía llegar de la habitación al lavadero y ver desde el lavadero el cuartito -mediante una ventana enrejada-.
Para jugar a las escondidas los mejores lugares daban miedo; estaba el recoveco donde guardaban las escobas o la casa abandonada al final del fondo abierto. En ambas había arañas, y alguien siempre perdía por no soportar contener el aliento. También había un espejo encantado en el pasillo oscuro, iluminado solo por la puerta al patio, en el que era imposible mirarse más de una vez por miedo a un reflejo no deseado.

El cuento de hadas había terminado. La escena de dos niñas con sus madres y la división de bienes derrumbaban el hogar. Solo se escuchaba a un perro ladrar.

 Era el suyo, estaba hambriento. Olvidó el calzado. Le dió igual hasta diez minutos después cuando se le rompió el bol lleno de comida.
-"Malas ideas", se dijo.  
Iba a ser su próximo tatuaje. Volviendo en colectivo el sábado pasado discutió con su hermana, la sintió débil. La perspectiva que tenía de su futuro cambió totalmente, yo diría que diez veces peor que otras probabilidades provenientes de resultados psicológicos.
Le hizo evocar la idea de que era una chica con suerte.  Era la única del grupo que ganaba entradas para ir al cine, sorteos superfluos, y que en veinticinco años de vivir en Lugano jamás le habían robado.
 

14.3.17

Por hoy no necesito que te manifiestes.
Hace un rato pisé un vidrio en la alfombra
Me agoté por fibras de piel.

Sólo me queda el tedio vacío
Y la sensación incansable de movimiento.
Que me devuelve un estornudo
Una mancha en la pared.

[Vaciar chat]


22.2.17

Cerrar los ojos fuerte
Masajear los mismos suavemente:
Instrucciones para ver las luces del interior.

En el caso de ella nada hay
Encuentra su punto ciego
Su hoyo de quietud.

Lágrimas eliminadas
Provenientes de algún agujero negro
Infinito cansancio y devoción.
Sin efecto.
Insiste.


5.2.17

Solos los dos:

De silencios tengo demasiados
Pero podemos agregar el tuyo.
Así me puedo sentir cuando estoy conmigo
Pero en tu soledad.
Me pregunto si es lo que buscamos.
¿Entendes a lo que voy?

                                                                                                                                               
Si escribo sobre alcanzarte quiero más posibilidades.
No es justo que la tinta no atraiga tus cimientos.

"Me gusta lo que veo", me dije.
Te dije. No iba a terminar bien.


                                                                                                                                                    
Tus paredes mis ojos
Para verte fumar.
Todo el humo
De tu opacado brillo.